Extractos del libro Destello de infinito
FABIÁN MARGOLIS LA FE Eran las once p.m. Habían transcurrido 18 noches…Me encontraba dentro de la casa de campaña leyendo alumbrado con la débil luz de mi gastada linterna cuando escuche unas sutiles pero solidas pisadas. Estaba acostumbrado al pisar de otros animales: zorros, zarigüeyas, tlacuaches inclusive podía sentir el serpentear de las víboras al arrastrase por el manto de hojas de la selva chiapaneca pero esto era distinto, supe que se trataba de un tigre. Contaba con apenas veinte años de edad cuando decidí salir de la comodidad de la vida citadina para internarme a ayunar por cuarenta días en la selva. Debía encontrarme a mí mismo y sabía que sólo enfrentando la soledad y todos los miedos que albergaban en mi inconsciente podría de alguna manera alcanzar parte de mi ser interior. El ayuno no representaba ningún problema, el cuerpo se acostumbra a vivir de sólo agua después del segundo día de no probar alimentos, aunque el intenso sonido de las chicharras cuál mágico manto entretejido por entre las copas de los árboles y el constante sonido cristalino del fluir del rio apaciguaban un tanto mi sistema nervioso lo que aprisionaba mi alma era el temor… las víboras, el rugir del mono saraguato por las noche, el sopor del calor tropical del mes de mayo, la soledad… mi ser entero se alertó al escuchar estos pasos, contaba con un machete corto que había llevado más que como arma como un instrumento para auxiliarme a limpiar el entorno de donde había decidido acampar, expectante esperé el instante en que la bestia tropezara con las cuerdas, imaginando que sus zarpas iban a desgarrar mi cuerpo. El animal rodeó la tienda de campaña y se alejo, en ese momento algo inesperado ocurrió, desde mi interior sentí semejante a una substancia sólida, como escapaba a través de mi mente la fe. Ésta me había acompañado desde mi infancia cuándo en un momento mágico, con un hecho ocurrido en el que intervino el destino, la fe se había instalado en mi interior: Contaba con once años de edad cuándo en tiempo de vacaciones escolares mi padre me invito a acompañarlo en uno de sus viajes de negocios a León Guanajuato. Partiríamos en la madrugada, a las 5:00a.m. Poseído por la emoción de viajar sólo con él no pude conciliar el sueño hasta casi las 3 a.m. A las cinco en punto me despertó su voz diciendo que iba a cancelar el esperado viaje, la razón expuso, era que, al bajar la maleta al coche se percato que una llanta estaba sin aire, la habían punzado con una navaja y él considero esto como un mensaje del cielo. No podía dar crédito a lo que escuchaba, mi progenitor, mi ídolo me pareció un ingenuo, una llanta se cambiaba y reparaba con facilidad… no era motivo para destruir mi ilusión. Si bien era Incapaz de expresarle mi sentimiento estaba seguro que él lo sabía. Al medio día mientras jugaba en soledad y con la tristeza invadiendo mi alma por los acontecimientos sonó el timbre del teléfono. Era mi padre y quería hablar conmigo me dijo la persona encargada del aseo de la casa. Pensé que deseaba disculparse o algo semejante, no, lo primero que dijo fue: “acabo de recibir el vespertino”… ¿Qué me interesaba esto cuándo había perdido la ilusión que representaba su imagen ante mi alma infantil? Sus siguientes palabras cambiaron mi destino, explicó que el periódico traía la noticia de un puente caído a mitad del camino por donde íbamos a estar en esos momentos viajando… Decía que los autos iban a quedar por lo menos varias horas o un par de días sin poder moverse de ahí… Como envuelto en un manto de hechizo celeste salí a la calle y busque al Creador. La fe de mi padre tenía un sólido fundamento y la hice parte de mi existencia desde ese mágico instante. La fe, muchas explicaciones revelan la identidad de esta pero en esencia es la certeza de las cosas que no se ven, ya sea en el ámbito religioso o simplemente en el humano cuando tenemos fe en el cumplimiento de una promesa. En al ámbito de lo espiritual ¿Qué es un alma desprovista de fe si no como un barco sin timón? ¿Cómo podría continuar mi existencia sin la certeza de que el cielo era mi destino siendo que para alcanzarlo sólo la fe podía ser mi faro, mi guía? Diez años me llevo encontrar nuevamente esta fuerza, sabía que la chispa divina moraba en mi interior pero era aún muy joven para comprender la grandeza de este hecho. El estudio, la meditación, ayunos, yoga y otras herramientas me ayudaron a descubrir que efectivamente todo ser lleva en sí mismo la energía de lo eterno, la chispa divina es la causa de la vida de cada uno de nosotros, efectivamente esta se convirtió nuevamente en guía, era el faro que alumbraba nuevamente mi destino… Aunque el encontrar mi rumbo no representaba haber adquirido lo que anhelaba en mi alma. Saber con certeza, conocer que lo más importante de la existencia moraba en mi interior era aún un proceso aún no alcanzado. Hube de experimentar la cercanía de la muerte en varias ocasiones para comprender a plenitud que lo eterno mora en nuestro interior, que es imprescindible luchar a cada instante con el mal que habita en cada molécula del ser para alcanzar el bien, la chispa divina es la esencia del bien absoluto, la confirmación de lo eterno en cada uno de nosotros. (.El presente ensayo está basado en un hecho real relatado un tanto diferente en mi libro Destellos de infinito) FOTO: Rio Chacamax, Palenque Chiapas México